La tierrina.
Ese sitio al que volver cuando el aire contaminado de la ciudad te ahoga.
Cuando el desamor llega por sorpresa, o cuando la vida, de pronto, sin esperarlo, te supera.
Cuando parece que no hay nadie en el mundo que pueda arrullarte el alma, la tierra te acoge como si nunca te hubieras ido, te llena de los mismos versos que cantaba cuando llegaste y la soledad se siente menos profunda con el abrazo de los amigos de siempre.
La tierrina. Ese lugar seguro.
El hogar que te esperó en medio de una pandemia o cuando la crisis te dejó sin casa, cuando la ciudad ya no resistía. Cuando sentiste que la vida te superaba una vez más.
La tierrina te entiende cuando parece que no existe nadie en el mundo que pueda ya descifrarte.
Vuelves al hogar, y las penas se calman:
unas migas, un puchero
y a revolá de nuevo.
Feliz día de Extremadura.
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